Colectividades: “Esta fiesta nos llena el alma”.

Los días sábado 24 y domingo 25 de octubre, en Tandil, la Unión de Colectividades, celebró su 36a Fiesta de las Colectividades. Con gran convocatoria, alrededor de 17 comunidades se reunieron para compartir sus raíces, costumbres y tradiciones a través de la gastronomía, la música y las danzas típicas.
Una propuesta en la que participaron niños, jóvenes y adultos de familias con historias de inmigración, generaciones que transmitieron su conocimiento y su cultura a las personas que acudieron al Centro Cultural Universitario.
Mientras se preparaba la apertura del evento, tuve la oportunidad de entrevistar a Germán Menacho Vargas, actualmente secretario general de la Unión de Colectividades de Tandil, integrante de la comunidad boliviana, quien enfatizó en la relevancia de esta celebración, ya que comentó la incorporación de varias comunidades en los últimos años y el gran aporte que hacen a la identidad tandilense. El Secretario tiene el objetivo de, junto a los participantes, que esté siempre presente “la añoranza de reivindicar todo el pasado, el hoy que es latente, y poder seguir proyectando hacia el futuro el conocimiento a los hijos, que esa es la parte más importante que conserva la raíz” y su vez, ampliar la participación y proyectar la dinámica del evento a otras comunidades en sus palabras: “Seguir ampliando la participación, la inserción de otras colectividades de la región, de otras provincias como venimos haciendo unas ediciones, y bueno, trascender que esta fiesta cultural e inclusiva puede ser un modelo para que se pueda replicar en otras ciudades”.

Menacho, positivo, ya con la festividad sucediendo, comentó: “Calculamos que van a circular entre participantes, y hay mucha gente artística de la danza, vamos a andar en las cuatro mil personas, que es un número importante para un evento autogestivo, donde hacemos todo a pulmón, donde tenemos todos los recaudos para que esto se pueda compartir en familia y realmente en familia, desde la generación del nacido hasta el abuelo que vienen”.
También, destacó todo el trabajo que abarca un proyecto como este, de la labor de la mancomunidad y la expansión que les ofrecen las relaciones con distintos cuerpos diplomáticos de diferentes países que forman parte de la asociación. En esta ocasión, la fiesta contó con la presencia de la Embajadora de Taiwán, Florencia Miao Hung Hsie y todo su equipo, resaltando la relevancia de su asistencia ya que: “es uno de los objetivos que venimos trabajando hace un par de años, de los encuentros diplomáticos, que a través de este evento vienen a participar y generar puentes, en este caso con la ciudad, con la universidad, para poder generar, digamos, una matriz de intercambio tanto de relaciones internacionales como de proyectos en común, y el aporte que pueden hacer las colectividades a la ciudad, y en este caso, a la casa de altos estudios”.
Entre asientos y pasillos llenos de gente de todas las edades, aroma a arepas colombianas y churros de chocolate españoles, se podía observar cómo iban acercándose al escenario los bailarines y las bailarinas de cada comunidad, donde sus atuendos brillantes, sombreros, ponchos, polleras marineras, caderines llenos de mostacillas, peinados típicos, abanicos y mantones eran los protagonistas y se convertían en los ganadores del aplauso de la audiencia.
En el medio de la entrada y salida de niños y niñas de camarines, ya listos con sus vestuarios tradicionales, me encontré con la integrante de la colectividad de Lituania, Selene Bañiles, quien respondió sobre su asistencia: “la participación de la colectividad en la fiesta, porque considero que es nuestra fiesta, donde muestra todas las colectividades que hay, las que están agrupadas, porque hay muchos descendientes e inmigrantes que no están agrupados, creo que refleja el espíritu argentino, esto es un poco de todos”.

Selene, además, de enseñar en su comunidad, tradiciones y danzas, y recordar que llevan 32 ediciones participando, enfatizó en el proyecto cultural que creó con su colectividad: “el proyecto cultural, cuento un poco cómo fue el camino, porque primero nos agrupamos, participamos de una fiesta con un stand gastronómico, después sumamos conjunto de danzas de adulto y jóvenes, después en su momento se sumó el infantil, y después empezamos por gusto y también por inquietudes empezamos a tener contacto con lituanos que venían como pasantes, para eso ya habíamos sumado Ciclo de Cine, con los pasante sumamos el taller de telar lituano, y últimamente agregamos clases de idioma lituano, pero la idea es simple, la tradición, digamos, la transmisión de la tradición, pero también cuál es la actualidad de la cultura lituana y por donde pasa…
Con el infantil en particular, nos fuimos amoldando a los proyectos de escuelas no formales lituanas, donde se aprende un poquito del idioma, se festejan las fechas del calendario, por ejemplo, para Pascuas se tiñen los huevos, se hacen coronas, para el día de muertos hacemos velas, hacemos distintos tipos de actividades y a esto se suma la danza…
La integrante, luego de consultarle cuál es el aporte de su comunidad a la cultura tandilense, manifestó: “creo que, como otras colectividades, aporta otras variantes de cultura, por el tipo de actividades, aunque después cuando hacemos las actividades nos damos cuenta de que hay mucho compartido, nos pasó por ejemplo con los talleres de telar, ¡ay, pero eso se parece a telar mapuche!, ay, pero esta técnica se parece a esto… Entonces, ahí vemos como todas las culturas están emparentadas, pero es un aporte, una variante de adquirir la cultura”.
Casi finalizando la jornada, me encontré con Marta Acosta, de la comunidad de Paraguay, comprometida con su labor en la organización y comentó: “esta fiesta es de todos, es una fiesta que hacemos a pulmón, que pagamos con otros trabajos, no me importa si ganamos o perdemos dinero con el stand, esta fiesta, estar acá nos llena el alma, el corazón”.
La 36.ª Fiesta de las Colectividades volvió a demostrar que la diversidad cultural no solo forma parte de la historia de Tandil, sino también de su presente y de su construcción colectiva. Una celebración que trasciende el encuentro de las comunidades y se convierte en un espacio de intercambio, reconocimiento y pertenencia. Porque, aunque cada colectividad conserva una identidad propia, todas encuentran en esta fiesta un lugar común: la posibilidad de compartir aquello que las representa y, al mismo tiempo, enriquecer la cultura de la ciudad.
Entre aplausos, sabores, música y emociones, quedó en evidencia que las tradiciones no permanecen vivas únicamente por el recuerdo de quienes llegaron de otras tierras, sino también por el compromiso de quienes eligen transmitirlas a las nuevas generaciones. La cultura habita cuando se comparte.

Por Luciana Saavedra, estudiante de Primer Año de la Tecnicatura en Comunicación Social para el Desarrollo. ISFDyT n° 10.
Agradecimientos especiales a Germán Menacho, Selene Bañiles y Marta Acosta.
A Agenda Cultural y Cultura Abierta por darme la oportunidad de entrevistar junto a ellos, y publicar esta nota.






















