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Un amargo de testigo

Por Alejandro Latorre

El mate es el capitán y ellos los cronopios del empedrado. Son esas luciérnagas que nos hacen ver las bellas disrupciones de la vida estandarizada, como aquel campeón que a los tres años ya vendía diarios en la esquina del centro o ese otro arlequín de la poética verba colosal que encuentra el último de los potreros de verdad.
Sí, entre los soldaditos del sistema, hay quienes se hacen lugar para hacernos las cosquillas que nos mantienen tensos y alegres, de colores vivos, aunque el horizonte exhiba el gris plomizo de la rutina prefabricada. Allá, hace tiempo, en la Facultad —cuando el viento era muchacho— el filósofo Walter Benjamin decía que la modernidad nos llena de vivencias rápidas, pero nos quita la capacidad de procesarlas como experiencia compartida. Por eso, esto que muestra la foto es la cocina del sentido: una prueba de por qué la vida (y el teatro) son un borrador infinito.

Para aquel genial pensador, al que seguimos queriendo como a esos tíos macanudos, hay que “cepillar la historia a contrapelo”. En los últimos tiempos, este grupo de propaladores amorosos recogió los desechos de las historias oficiales; esos retazos de la intensidad que, si el espectador activara su modo lento —como el que luce un perezoso caracol— podría contemplar, muy serenamente contemplar, para que su vida ya no sea igual.

La cita para ver el estreno de “Bajo el cielo de Tandil” es el domingo 3 de febrero a las 19 en el teatro La Fábrica (Pinto 359). Pero el que escribe ya puede saborear esa maceración sin apuro del barro y la literatura; del microscopio que reemplaza al largavista para entender el universo y del chamuyo que acerca a la filosofía y a la lágrima por lo simple.

La profesora de yoga Victoria Rodríguez Lodi con la palabra, Adrián Ventos con su gola y su viola, y Esteban Calvo con su dirección artística, son los cómplices de una aventura creativa tan humana como soñar.

Acompañamiento de lujo

La obra cuenta con el acompañamiento invisible de los actores Julio Léster, Josefina Exquiza y Julieta Rabitti; de los locutores y comunicadores Diego Castaño, Julio Canu, Gustavo Pina, Iván Navarro, Raúl Sigampa, María Inés Mazza y Juan Casero; y del ilusionista Rene Lavad.





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